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Portada del libro Relatos Románticos y Fantásticos - Sabor Vainilla

Relatos Románticos y Fantásticos - Sabor Vainilla

Ana Martínez de la Riva Molina

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Portada del libro Relatos Románticos y Fantásticos Sabor Naranja

Relatos Románticos y Fantásticos Sabor Naranja

Ana Martínez de la Riva Molina

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Portada del libro Relatos Románticos y Fantásticos - Sabor Frambuesa

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Portada del libro Relatos Románticos y Fantásticos - Sabor Miel

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Portada del libro Relatos Románticos y Fantásticos - Sabor Caramelo

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Portada del libro Relatos Románticos y Fantásticos Sabor Manzana: Relatos Románticos y Fantásticos - Sabor Manzana: Volume 12

Relatos Románticos y Fantásticos Sabor Manzana: Relatos Románticos y Fantásticos - Sabor Manzana: Volume 12

Ana Martínez de la Riva Molina

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Portada del libro Relatos Románticos y Fantásticos - Sabor Chocolate -: Volume 10

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Portada del libro Relatos Románticos y Fantásticos -Sabor Menta

Relatos Románticos y Fantásticos -Sabor Menta

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Portada del libro DOS ALMAS QUE SE HABÍAN ENCONTRADO (Relatos Románticos y Fantásticos nº 39)

DOS ALMAS QUE SE HABÍAN ENCONTRADO (Relatos Románticos y Fantásticos nº 39)

Ana Martínez de la Riva Molina
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DOS ALMAS QUE SE HABÍAN ENCONTRADO

CAPÍTULO I

-¿Quién será a estas horas de la noche? No dejan de golpear la puerta. Es inaudito que nadie pase por aquí, siendo las tres de la madrugada.
He venido a la casita de piedra de mis tatarabuelos en pleno invierno, con veinte centímetros de nieve, alejada de cualquier tipo de civilización, para concentrarme en mi tesis doctoral en veterinaria, con la única compañía de mis dos Huskies, que han empezado a ladrar ante la presencia de algún desconocido perdido en mitad de la intemperie.

Acaricié a mis perros Tros y Kay, un macho y una hembra, para tranquilizarlos.-No pasará nada pequeños míos, seguramente algún despistado montañista ha cambiado de rumbo y ha venido a parar a nuestro hogar.

Encendí todas las luces y me puse mi bata encima del pijama, con somnolencia y bostezando, abría la puerta. Me encontré con un hombre inclinado, sujetándose una herida con un brazo y con cara de sufrimiento.

-Entre enseguida, por favor. ¡Está herido y sangrando! ¿Cómo le ha podido ocurrir?

No me hablaba ante su semblante pálido. Le ayudé a tumbarse en el sofá del salón delante de la chimenea y soltó un gritó de dolor antes de desmayarse.

Empecé a quitar las capas de ropa que llevaba, hasta llegar a su herida.

-Tros y Kay, esto tiene mal aspecto, le han herido en el tórax cerca del corazón, unos centímetros más y ya no estaría entre nosotros.
Vigilarle chicos, mientras voy a por mi maletín de doctora.

Que contrariedad, le curaré lo mejor que sé. Estoy acostumbrada a sanar a los animales. Espero acertar con el extraño y poder salvarle la vida, ha perdido mucha sangre y ha estado a punto de congelarse, va a ser todo un reto para mí.


Corriendo bajé las escaleras al sótano donde tenía mi laboratorio particular, cogí lo más deprisa que pude mi equipo de urgencias y sábanas enormes para hacer gasas y taparle la hemorragia.


Lavé la herida desinfectándosela.
Con mucho cuidado, sin que me temblara el pulso, cogí mi instrumental médico y le extraje la bala con unas pinzas.
Menos mal que se había desmayado, no hizo falta darle nada de cloroformo para dormirle. Suturé con delicados puntos la intervención, y le cubrí con gasas y esparadrapo la operación.

Tenía que darle antibióticos para combatir posibles infecciones. Me limpié el sudor de mi frente y le arropé lo mejor que pude para que no pasara frío. Eché más leña en la chimenea. Trosky y kya me observaban silenciosamente, eran unos maravillosos perros muy inteligentes.

-Quedaros un momento vigilando al paciente, si le veis moverse, ya sabéis, ladrar un poco para que enseguida le de la medicación. Voy a preparar un caldo para que entre en calor y un calmante extrafuerte, al pobre hombre, le dolerá mucho cuando recobre el conocimiento.

Puse a hervir agua y con verduras cortadas, unas puntas de jamón, unos huesos de ternera, una pechuga de gallina y sal, le daría algo de líquido con sustancia para que no se deshidratara.

Mientras se preparaba el caldo, me di una ducha para entrar en calor y me hice un café negro para despejarme, era muy importante que vigilara a mi paciente en estas primeras horas. Podría empeorar y tendría que trasladarle al próximo pueblo para que avisaran a un helicóptero y lo llevaran al hospital más cercano.

Aquí estaba tan aislada que no tenía teléfono, ni siquiera cobertura para usar el móvil o el internet.

Ese era el propósito de permanecer en la casita de piedra, que nadie me molestara en mi tesis doctoral sobre el comportamiento de mis Huskies. Llevaba un diario, con toda la convivencia del día a día con ellos. Y libros que saqué de la biblioteca, antes de venir a mi retiro temporal sobre su anatomía y psicología.

Ahora debía centrarme en el hombre que había llegado casi muerto hasta mi puerta.

Había muchas incógnitas que despejar sobre él. Pero lo importante era salvarle de las garras de la muerte.

Escuché unos suaves ladridos de mis queridos perros. Bajé corri
Portada del libro RELATOS ROMÁNTICOS Y FANTÁSTICOS SABOR CHOCOLATE

RELATOS ROMÁNTICOS Y FANTÁSTICOS SABOR CHOCOLATE

ANA MARTÍNEZ DE LA RIVA MOLINA
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CAPÍTULO I

Un fuerte viento arreciaba contra los ventanales de mi laboratorio. Estaba enfrascada en una serie de combinaciones de elementos químicos con mis probetas.

¡Qué fastidio de aire! Me asomé a través de las cristaleras. No me atreví a abrir las ventanas, un fuerte huracán se movía con una fuerza brutal hacia mi casa de piedra.

¡Dios mío! Recogí lo más aprisa que pude el instrumental de mis investigaciones. Debía buscar un refugio lo antes posible. Pensé en el sótano que conducía a unas cuevas muy antiguas propiedad de mis antepasados. Desde niña no había vuelto a explorar por esos laberintos. Jugaba sin cesar por ellos imaginándome a una aventurera que descubría un inmenso lago en su interior. En realidad nunca llegué más lejos del primer pasadizo, me daba miedo y mi abuelo siempre me prevenía de los peligros que acechaban allí abajo.

Es una lástima que su muerte supusiera un duro golpe para mí. Le he querido más que a nadie, incluso más que a mis propios padres. Él me ha criado y educado. Todo lo que soy hoy en día se lo debo a mi adorable abuelo. Pertenezco a una familia numerosa y yo siendo la mayor de mis hermanos me fui a vivir con el padre de mi madre.

Estábamos solos en esta misma grandiosa propiedad. Su entorno es un paraíso maravilloso en medio del bosque y rodeados de montañas agrestes, un río lleno de peces bordea mi hogar y bellos setos de aromáticas plantas adornan un hermoso jardín con flores multicolores.

Estoy aislada totalmente, no existe ningún ser humano en los alrededores. La población más cercana está a cientos de kilómetros. No me importa en absoluto está soledad impuesta por mí misma. Mis experimentos y mis propios pensamientos me hacen compañía, a parte de la biblioteca tan espléndida de la que dispongo en cualquier momento. Mi abuelo era un enamorado de los libros y en su afán me transmitió el poder del saber más y más… ¡Qué recuerdos más maravillosos tengo en su grata compañía, los atesoraré toda mi vida!

Él también a su manera fue un científico, le encantaba construir artilugios novedosos para que nos facilitaran las tareas de la casa. El mundo de la robótica dominaba nuestro día a día. Era sorprendente su ingenio, con una ingente cantidad de tuercas, tornillos, materiales mecánicos y eléctricos, su soplete, pequeños motorcillos, su ordenador con los diseños creados con su imaginación…Y yo con tan solo diez años cuando me trasladé a su mundo, me integré como si funcionáramos como una única unidad, con mirarnos nos comprendíamos, éramos tan parecidos… No solamente en el aspecto de nuestra prodigiosa inteligencia, sino también en el físico. Nadie podía dudar sobre nuestro parentesco. Muchas veces bajábamos hasta el próximo pueblo para comprar comida y lo que nos hiciera falta para nuestro próximo proyecto. Allí pensaban que era mi padre por su aspecto tan juvenil y alegre. Siempre estaba contento y si alguna vez no salía como él quería su invento, no le daba la mayor importancia y comentaba que ya sabía una manera para sacarle otra utilidad, a la que no estaba destinada.

Íbamos por todas las tiendas de ferretería, electricidad y mecánica y con ayuda de los amables tenderos, llenábamos la furgoneta de una variopinta cantidad de cachivaches.

Éramos muy famosos y les alegrábamos el día cada vez que nos veían, todos se peleaban porque aceptáramos comer en sus casas. No podían consentir no acogernos a tan ilustre pareja.

Nosotros, muy gustosos, los acompañábamos y degustábamos unos exquisitos platos.

Hace ya cinco años que mi abuelo murió. Por aquél entonces estaba estudiando en la universidad, él ya sabía que no tardaría mucho en desaparecer y prefirió que me formara como científica lejos de su lado. Me costó mucho dejarle para ir a la facultad, pero para mí lo primero era su buen juicio sobre mi educación. Tenía muy buena base como estudiante y no me costó nada en absoluto integrarme en el Campus. Destaqué por mis brillantes notas y mi proyecto de fin de carre